El momento para movernos más lento

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En esta publicación de nuestro blog, debemos comenzar admitiendo que este título es más fácil escribirlo que llevarlo a cabo, no han sido días fáciles para nadie, en lo particular, desde nuestra propia experiencia, ha sido complejo mantener una estructura a flote con los puntos de venta cerrados, con unas ventas detenidas casi por completo y con nuestro equipo expectante a lo que va a pasar y la forma en la que vamos a poder salir de todo esto.

Nos dimos cuenta que vivíamos de afán.

Solo en este momento, cuando sentimos la urgencia de “hacer algo” para tratar de salir de la crisis, pero cada vez que intentamos movernos, la realidad nos devuelve con un golpe a la quietud, forzándonos a hacer mucho menos de lo que solíamos hacer todos los días, nos hemos dado cuenta que literalmente vivíamos de afán. Siempre corriendo, siempre sin tiempo de hacer lo “simple”, porque primero había que hacer algo “urgente”, pero curiosamente lo más sutil resultó ser lo esencial.

Tiempo para valorar.

Para muchos, que estamos llenos de privilegios, se nos había vuelto normal abrir una llave y tener agua en casa, era normal respirar y tener salud, era normal llegar a casa y comer, así como era normal tener que sacar un rato para visitar a la familia y cumplir con deberes sociales. Tal vez la “normalización” de todo esto era lo que nos mantenía ocupados en conseguir mucho dinero, para poder darnos ese ‘gran viaje’ para postear en nuestras redes, cambiar el carro por otro más cómodo y más lujoso, tener esa ropa que nos hacía ojitos en una vitrina.

Sin embargo hoy, lo normal está siendo mucho más valioso, tal vez muchos ante la amenaza de un posible apocalipsis temimos que estuviera en riesgo la comida, nos dio miedo dejar de respirar de la forma en que lo habíamos hecho sin darnos cuenta, comenzamos a desear un ratico para estar en casa de los papás, compartiendo con ellos, sin pegarnos todo el tiempo del celular.

Pero vinimos fue a hablar de la lentitud.

Así es, el mensaje que hoy queremos dar tiene que ver con disfrutar y ser conscientes de este ritmo que nos impusieron, tiene que ver con retarnos a sentarnos una hora y no hacer ‘nada’ a ver qué pasa, así es, suena ridículo, pero es una tarea colosal, hoy queremos traer el reto de ‘una hora de quietud’, quienes se atreven a quedarse una horita de sus vidas respirando, sin jugar en el celular, sin leer un libro, sin conversar con alguien, sin preparar un pan para subir al instagram, sin hacer una llamada que teníamos pendiente, sin seguir una rutina de ejercicios, sin pararnos a sacar algo de la nevera, sin limpiar la casa, pero eso sí, muy atentos a todos esos pensamientos que seguramente van a venir a decirnos que hagamos todas estas y muchas otras cosas más.

Este es el reto de una hora de silencio y respiración, que seguramente en otras condiciones sería imposible sacar, sin tenemos hijos y podemos pedirle a alguien el favor de que nos ayude con ellos por una hora. Será tan solo una hora para bajar el ritmo, que aunque estemos encerrados en casa, puede ir a más velocidad que si fuéramos por una autopista, es una hora para escucharnos, para reconocernos tan buyosos, para saber que tan locos estamos, esto a lo mejor nos dará un reconocimiento del punto en donde estamos, tan indispensable a la hora de saber a dónde queremos llegar.

Nos encantaría saber sus comentarios, sobre cómo les va con este reto, si logran hacerlo completo o si se animan a extenderlo un poco más, compártanlo con amigos y familiares.

Agradecemos a quienes nos han apoyado con los domicilios por estos días, que han sido tan lentos, pero nos han alimentado para regresar pronto con toda la energía y el amor.

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